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27 nov. 2014

Condensaciones superficiales

Por condensaciones superficiales, objeto de esta entrada, nos referimos a la aparición de una humedad en las caras interiores de los cerramientos debido, en muchas ocasiones, a un aislamiento deficiente, que provoca un enfriamiento local de esa zona haciendo que el aire en contacto con la cara interior del muro se enfríe de una manera brusca por debajo de la temperatura de rocío.  Ello provoca la aparición de micro-gotas de agua que, pudiendo verse agravado por una deficiente ventilación del local, pueden acabar produciendo con el tiempo manchas de moho en función del grado de absorción del material donde se manifiesten (sobre alicatados y vidrios micro-gotas de agua, y sobre enfoscados o enlucidos humedecimiento y posterior aparición de manchas mohosas).



Estas humedades no deben confundirse con las que tienen su origen en filtraciones que pudieran darse a través de fisuras de cerramientos, contacto directo con el suelo (por capilaridad), carpinterías selladas deficientemente… o en escapes de agua de instalaciones de fontanería, calefacción saneamiento… Si la obra fuese reciente también pudiera darse el caso de que aparecieran manchas debidas a la humedad residual propia de los materiales utilizados en la construcción de la edificación.

Técnicamente las condensaciones se deben a la conjunción de dos magnitudes físicas del aire ambiente como son, por una parte la temperatura ambiente (Ta), y por otra la humedad relativa ambiental (Hr). La condensación se produce cuando el vapor de agua contenido en el aire entra en contacto con una superficie que se encuentra por debajo de la temperatura del punto de rocío (Tr), dependiente de las dos magnitudes previas; sobre esa superficie se va a ir depositando parte del agua que contiene ese aire.

Para mejorar y evitar las condensaciones superficiales interiores, sobre todo en la rehabilitación de los edificios, se deben realizar actuaciones que minimicen o anulen las condiciones que favorecen la bajada de temperatura local en algunas zonas de las paredes interiores. El objetivo a conseguir es que la temperatura de la cara interior del cerramiento no alcance la temperatura de rocío.

Una opción es el mantenimiento de una temperatura ambiental interior elevada; pero se trata de una condición fácil de obtener pero costosa, ya que se deberá mantener una temperatura constante, por medio de equipo de calefacción: Cuanto mayor sea la temperatura interior menor será la posibilidad de aparición de condensaciones.

La otra opción y más económica en el tiempo, es aislar dicho paramento, y evitar que las bajas temperaturas exteriores se transmitan hacia el interior del mismo, manteniendo una temperatura más elevada en el interior del cerramiento (por encima de la temperatura de rocío).

Las zonas más sensibles de aparición de condensaciones son aquellas que se encuentran más desprotegidas de aislamiento térmico: los puentes térmicos, que pueden encontrarse en: zonas de encuentros de la estructura con el cerramiento: cantos de forjado o pilares (especialmente en las zonas de esquinas), forjados sobre porches y espacios abiertos y contorno de huecos.  Sucede que en estas áreas de la fachada, cuando las condiciones climáticas son más desfavorables, frío y/o lluvia, su carencia de aislamiento térmico posibilita que la temperatura interior del cerramiento alcance la temperatura de rocío del aire interior.

Esto nos predispone tanto en obra nueva, y sobre todo en rehabilitación a la mejora o la instalación de un Sistema de Aislamiento. Para ello la mejor opción es la instalación de un SATE, Sistema de Aislamiento Térmico por el Exterior, ya que, tal y como se ha visto anteriormente es la única manera de incluir dentro del mismo las zonas más sensibles del cerramiento: los puentes térmicos.

La colocación del SATE por el exterior estabiliza la temperatura de la cámara, reduciendo la presión de vapor de agua, aumentando la temperatura tanto en la cara interior del primer muro de cerramiento como del aislamiento.

En último término, conviene recordar hacer un uso adecuado de la ventilación de la vivienda, sobre todo en momentos en que se produzca una importante aportación de humedad al ambiente interior: ducha con agua caliente, cocina…, ya que el aumento de la humedad relativa aumenta la temperatura del punto de rocío facilitando la aparición de condensaciones.


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